Una bailarina y un bailarín los veo danzar,

un círculo de fuego es su hábitat.

Ellos agradecen al Señor

y no a la vida el haberse reencontrado.

Si les toca separarse no le criticarán a Dios,

elevarán la queja a la vida.

Ambos se sienten regalos;

su amor inolvidable de juventud

guardan con  extremo sigilo.

Poseen estigmas no de sacrificio,

sino de amor y pasión.

Ambos construyen fantasías,

son soñadores de mejores días.

Evocan algún dolor del ayer,

pero es placentero su baile;

él fue su astilla en otrora,

ella jamás se la quiso sacar,

tampoco salió per se;

no le causó inmovilidad,

pero sí algo de culpa a él

y romántico llanto a ella.

Una bailarina y un bailarín los veo danzar,

entrando en trance están.

Ella se fortalece en El Cristo y en Acuario.

Él se fortalece en ella: su Piscis.

Ella tiene dos amores,

él tiene tres que lo llenan.

Una bailarina y un bailarín los veo danzar,

su lucha por ganar es intensa.

La  victoria la buscan;

siempre costará alcanzarla;

la resistencia no es para los débiles.

Ambos lo tienen claro:

ella es feliz siendo su amante

y él es felizmente infiel.

Ambos bailan el mismo ritmo;

son títeres de Alfa y Omega,

y no de su humana voluntad.

Ambos se pueden quemar

dentro del anillo de fuego,

por eso prefieren no soltar sus manos

y recurrir a candentes y  largos abrazos...

Una bailarina y un bailarín están bailando.

El mismo fuego Divino los está observando,

moldeando, puliendo a su antojo...

los está perfeccionado;

por qué no: purificando....

Franz Merino.
Basado en el libro "Infieles Anónimos. Diario de un amante: testimonio de una gran pasión".

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