CONJURO DE AMOR


¡Oh, fuerzas todas!
¡Dioses Venus y Marte!
Sabed que ella está anclada en mí.
Sabed que ella es propietaria única de mi amor.
Decidle esto:
Tan cerca está en mi corazón y mente
y tan lejos de su piel y de sus caricias y de su aliento.

¡Oh, dioses Venus y Marte!
Concededme siempre:
el vino de sus jugos hechos de amor.

¡Oh, diosa Venus!
Haz que este pasado extraño que ha vuelto
sea real y vivo y no un sueño.

¡Oh, dios Marte!
Si acaso fue y es tu deseo
unir el destino de ella con el mío
haced el fuego de la pasión su señal
y hacedlo inextinguible.

¡Oh, dioses Marte y Venus! ¡Fuerzas todas!
Concededme un hechizo, dadme un conjuro
para vivir en ella y ella viva para mí:
cread una danza con velos de deseo,
la lira de la paz y amor sea la música,
una bailarina enmascarada y desnuda
la baile alrededor de la llama del amor;
yo como romántico espectador la gozaré.

¡Oh, fuerzas todas!
Traedme al séptimo giro su cuerpo;
baile sensualmente enfrente de mí;
acuéstenla sobre mí;
después de la oración de gracias
descubran su rostro;
quitadle su máscara: muéstrenmela a ella.

¡Oh, dioses y fuerzas todas!
Olviden siempre las trompetas del desamor.
Haced de ella mi locura;
yo para ella su total delirio.
Reposad nuestros corazones junto a la dicha.

¡Oh, dioses Venus y Marte! ¡Fuerzas todas!
Decidme un hechizo, creadme un conjuro de amor:
hacedle prometer mi solicitud con castigo
y condena mortal su incumplimiento.

¡Oh, diosa Venus!
Empeña su cuerpo al mío,
prométeme que ella hará mi voluntad.

¡Oh, Marte y Venus, fuerzas todas!
Díganle:
cuando yo la desee
y dónde yo quiera, la tomaré.

¡Oh, fuerzas todas! ¡Magia infinita!
Hacedle llegar mi siguiente petición:
Prométeme ser tu amante
así esté ausente mi amor por ti.
Prométeme ser mi amante
así esté ausente tu amor por mí.
Prométeme ser mía más allá del allá.
No me reclames ni me solicites nada;
sólo agradece cada vez que te posea.

¡Oh, mundo de luz, espíritus y sombras!
Denme a esta amante por toda la eternidad.
Denme su néctar, su color, su olor, su piel.
Concédanme sus labios para mi falo.
La cueva de Venus sea conquistada
y explorada sólo por mí.
Denme sus senos y sus nalgas;
denme sus manos y sus besos;
denme sus muslos y sus ojos como refugio.
Haced de toda ella mi musa.

¡Oh, dioses invisibles llenos de misterio!
Déjenme tocar su monte oscuro con mis dedos,
su vientre vibre apenas sienta mi calor.

¡Oh, Marte y Venus!
Pedidle:
Vendar sus ojos frente al resto de los mortales.
Denme su sangre y sus pensamientos,
su temor y su pudor por la vida eterna.
La copa de este conjuro jamás sea bebida
por otra que no sea ella y su beneficiario
y deleite por otro que no sea yo.
Concededme todo el contenido de este conjuro
hasta la muerte y más allá.
Haced permanecer escrito mi nombre
siempre en su memoria y quemado en su tez.

¡Oh, Venus, diosa del amor!
Hacedle prometer:
sólo obediencia... jamás deliberancia.
Siempre estará sometida a mí.
Haced de su corazón, su alma y su piel
y todo su ser mi posesión.

¡Oh, Venus, diosa y creadora de su amor!
Decidle que su obsesión por mí será tanta
hasta cuando yo lo permita y disponga.
Decidle que seré su santo y demonio.

¡Oh, diosa Venus, diosa del amor!
Solicítale y ordénale:
su ritual de amor será amarme hasta agotar todas
sus fuerzas y todas las formas de darme placer.
Su erotismo será mi inspiración
y su entrega carnal será su pasión.
Su amor existirá mientras yo así lo desee,
pues ella no podrá contra él...
no podrá dominarlo ni controlarlo,
pues yo seré quien la subyugue y quien la libere.
Sólo junto a mí sentirá su pasión llamarla;
esa candela dominará a todo su ser
y sólo yo seré su calma.

¡Oh, diosa Venus!
Renueva sus energías
y nuevamente descárgalas sobre mí.
Nuestro ritual de amor siempre estará
acompañado de gemidos de dolor y de placer,
de amor y de angustia,
de alegría y tristeza;
de ternura y comprensión,
de cariño y mimosidad,
de vida real y fantasía,
de complacencia, reencuentros y adioses.

¡Oh, gran misterio!
Decidle que su camino será marcado
sólo por mí y su amor dirigido hacia mí.
No podrá combatir contra su destino
de ser mi amante, pues la victoria
por el simple hecho de tenerme ya la tiene.
Yo soy su batalla y su victoria.

¡Oh, Venus y Marte!
Dadme un conjuro... un hechizo de amor.
Haced de este poema una invocación.
Hacedle leer este hechizo como sello de su verdad.
Se lo suplico con todas las ansias de mi corazón.
Apelo a su poder y sabiduría:
Hacedle prometer que siempre ella hará mi voluntad.
Todo el contenido de esta copa hacedle beber.
Hacedle prometer... hacedle prometer...
Hacedle prometer y jurar ¡todo esto!

Tuyo, Acuario.
Eres mi conjuro y yo también te hechizo.
¿Prometes todo esto?

Franz Merino
Tomado del libro "Infieles anónimos. Diario de un amante: testimonio de una gran pasión".

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