LA DAMA RESCATADA

Una discoteca solicitó mis servicios. El discotequero tenía mal su computadora, máquina de reproducción musical…
Mientras chequeaba el disco duro, me brindaron unas cervezas…
Empezó la gente amante del viernes a llenar el local... daban más de las seis. ¡Fue una locura!... se llenó rápido... Pero, la sorpresa fue que sólo veía entrar chicas y más chicas... y más chicas... Acudían una ropa casual... se metían al baño y salían con otra... me pregunté ¿qué pasa con esta juventud?
¡Oh, sorpresa!... Todas hacían los mismo... entraban con pantalón la mayoría, luego buscaban el baño y salían con minifalda...
Entonces, concluí: algo diferente había en este lugar…
Como fui contratado para arreglar la máquina (PC)... imprudencia hubiera sido preguntar qué tipo de local era.  Para mis adentros  respondí: es un burdel.
¡Sí! Era un burdel... ¡Claro! Disfrazado de discoteca.
Luego empezaron a entrar los hombres... y más hombres: las llamaban y ellas sigilosas buscaban un lugar cerca del cliente…
Ya aclarada la escena le insinué al  disc-jockey, ahora les dicen simplemente DJ (Diyéi) o pinchadiscos (por cierto, jamás le pregunté su nombre)… ¡amigo!:... ¡están lindas la putitas!...
Entonces contestó: ¡no!... ¡no son putas!... sólo son vendedoras de cerveza. Su trabajo es darles compañía a los clientes y hacerles consumir eso: cerveza...
¡Ah!, le dije, pensé que eran otra cosa...
¡Gran confusión!...
Luego lo busqué al dueño (el que me contrató, se llama Tauro Mayo)... le pregunté: ¿qué buena idea el poner este local?...
¡La verdad que sí! Pero, me tiene cansado ya este negocio... –replicó.
La curiosidad de escritor me dominó y le interrogué otra vez:
¿Cuántos años tiene Don Tauro?
58 años... -respondió.
¿Qué tal?... Tenía toda la traza de un chulo viejurgo.
Luego añadió: 40 de alcohol. Antes laboré como electricista...  Escuchado esto,  desvié mi atención a las chicas;  él  se ocupó en dar cambio y ordenar los pedidos de sus  “seductoras y enganchadoras” trabajadoras.
Encontré personajes por doquier para algún ensayo rojo literario...
Ya había terminado mi trabajo... Pero, me demoré voluntariamente para descubrir y mirar esos personajes que a carcajadas soltaban sus penas... A las piernas aceitadas de esas compañeras de la noche, vi que uno que otro solitario excitado las frotaba...
Las luces rojas, características de estos antros: emociones sicodélicas me sacaban…
Ya, Don Tauro, hasta ese momento me había obsequiado unas seis cervezas heladas... Así que estaba listo, también,  para caer atrapado en la erótica visión femenina... en esas minifaldas jeans... esas caderas inquietas y aquel brillo de las piernas me tentaban… el ambiente se ponía más caliente... y más caliente... pero en mi mente te tenía... no te podía descolgar... Mi deseo  te invocaba… mentalmente te llamé… ¿No sé si me escuchaste o sentiste mi llamado lujurioso?... No podía descolgarme de quien era: un macho amante...
Me invadió la conciencia recriminadora… Me pregunté y me sentí culpable por haber arreglado la computadora, ya en ese momento servía como herramienta para administrar las canciones... la salsa... la disco… el pop… y... por supuesto: lo recordaron a Michael Jackson. Estaba probándose exitosamente mi reparación.
Mis codos descansaban sobre ese tablón color caoba, que además de soportar los vasos, las botellas y el dinero; servía para separar y señalar la autoridad entre el patrón y las "señoritas de compañía". Mi rostro afeitado adquirió   un color diferente   ocasionado por aquella luz violeta que de arriba de la barra venía... mis dientes tomaron algo de ese matiz.
Mis ojos cruzaban sus atrevidas minifaldas... esas pieles  golpeaban la puerta de mi libido… el deseo carnal se apoderaba de mí. Mis manos deseaban participar en esa orgía... mi pene deseaba buscar a cada una de ellas en sus adentros... Deseaba mezclarme con esas carnes fuertemente perfumadas de deseo y placer... Pero obligadamente me controlé…
Me convertí en un  observador de la tragedia existencial: vi la liberación del estrés máximo... el encuentro furtivo con otra mujer... de pronto el solitario la vuelva a encontrar al otro día... ¡no lo sé!...  Quizás el solitario vaya en busca de otra mujer... de otro antro... ¡tampoco lo sé!... Todos eran de clase social baja; tampoco callejera...
Supongo que algunos dejarán ahí su semanal...  Quizás, cuando lleguen a casa, vean a la mujer iracunda esperándolo y unos hijos hambrientos sollozando... ya no tendrá nada de dinero; obvio: llegará totalmente borracho y tal vez sumado  algún otro tóxico…
Y yo estaba ahí...
Acomodando algo que necesitaba ese negocio para funcionar: la computadora controladora de los sonidos del libertinaje… del infierno terrenal.
Me sentí ¡culpable! Me sentí como vendedor de placer...
Pero, el escritor que llevo dentro, me prohibió salir apenas concluido mi trabajo… más temprano...
Con algo de esfuerzo, al final logré desconectarme de mi mente literaria y regresar al civil común y corriente: tomé control de la escena y luego salí...
Una vez fuera... sentí que me desprendía de algo extraño... sensual… impresionantemente erótico.
Tomé control de mi vida, ayudándome del aliento nocturno,  destiné los pasos a mi casa...rumbo a la máquina que me trae mejores satisfacciones: mi computadora, cómplice de los chats con mi amorcito...

Al llegar a mi casa,  decidí   tomar una copa de vodka escuchando  “para siempre”  de la grandiosa Mónica Naranjo desde mi PC; me conecté a la red y no te encontré… ¡no estabas!...
¡Lástima!...
Deseaba ofrecerte “calientita” esta experiencia de trabajo: poco común. Intercambiar opiniones…
¡Bueno!... Sé que tienes derecho a disfrutar tus noches como gustes... Sólo que hoy  me urgía chatear esta información…  Fue lo último que le escribí.

Mi trabajo me llevó a un BURDEL... ¿qué tal?... ¡SÍ! el trabajo que tanto amo: me llevó a un burdel...
Vinieron más copas y con ello las imágenes sensuales de aquellas trabajadoras sexuales: mi libido despertó…
Tomé las llaves del Toyota y me dirigí nuevamente a ese centro de lujuria.
Don Tauro, me recibió con sonrisa de satisfacción mientras en su cerebro maquiavélico  veía  regresar, además,  el dinero que me había ganado por mi trabajo informático…
La primera cerveza pagó la casa; las otras tres fueron por cuenta propia antes de flirtear  con la hembra que más me gustó y me atrajo, el propietario muy complaciente  la llamó y me la presentó como Piscis.
Pequeña de estatura, tez blanca,   bonitas piernas  dejaban advertir  el contenido de ese jean  azul que venía a mí provocativamente.  Apenas llegó, dio vuelta  entera ayudada de mi mano derecha,  rápidamente observé sus caderas bien formadas, tentaba morderlas de inmediato…  Me dio un beso de amigo con derecho y me abrazó como si fuéramos viejos amigos, mejor dicho frecuentes amantes.

La pasión desbordaba en mí, como aquella ensordecedora música y espuma de cerveza congelada mal destapada…

Acepté caer en la trampa de que ella necesitaba unas cervezas  adicionales para entra en calor, cuando en realidad provocaba más consumo para seguir llenando  las alforjas de dinero del  proxeneta: comerciante truhán y ruin de carne fresca… Yo, estaba ahí comprándola y haciéndome partícipe de ese negocio; de ese círculo vicioso y antiguo…

El deseo por Piscis fue igual de intenso como el que siento por Aguamarina, mi amor de mis años de juventud,  podría decir sin equivocarme: incluso lo superó… Anhelaba ya poseer ese pecado, ese producto de luces, música  estruendosa, licor y excitación con precio…

Ya no soporté más esa luces de colores en el piso, el humo del cigarrillo y de otro que esconde otros humos, ese que lo provocan las máquinas de humo… La bola de cristal que giraba sobre nuestras cabezas ya me tenía mareado junto con las luces  intermitentes… La cogí de la mano y le dije, salgamos.

¿Conoces el Motel Laguna Azul?, me preguntó.
¡Claro que sí!, le contesté.  Con esa respuesta accedí a complacerla para recibir luego de ella lo mismo.
Cuando llegamos, busqué la mejor suite y  ahí lo introduje al auto. Cuando me percaté que bajaron la enrollable puerta, ella se abalanzó sobre mí y empezó a realizar con ímpetu su tarea.  Su fogosidad no le permitió avanzar hasta la habitación a consumir sobre sábanas el contrato…

Su lengua la introdujo en mi boca, mientras su mano buscó directamente mi falo.
¡Espera!, le dije, con voz agitada.
Ella entendió sin preguntar y me trasladé al asiento del copiloto… lo recliné al máximo…

Nuevamente, se lanzó contra mi boca mientras sus manos descubrían mi pecho;  yo apretaba sus nalgas.
El disfrutar de  su lengua devorando a la mía me provocaba erección y aún más cuando sentí el apretón de su  mano zurda arbitrariamente masturbándome… Desabroché con poco cuidado   su blusa y ataqué con mi boca  sus senos bien proporcionados para su figura delgada bien hecha…

Cuando quedó sin su pantalón, para decir  la verdad no sé cómo pasó; pero  ahí estaba mostrándome su territorio de alquiler, su cuerpo blanquecino, terso, quemaba al mío con ese fuego que no hace daño… Mis manos enloquecieron y arriesgaron  tocar todos los linderos, planicies, curvas, lomas,  rincones  llenos de placer…  Sentí algo de dolor por la dureza de mi erección, Piscis  se percató de mi predisposición  y sin resistencia alguna se dejó invadir una y otra vez; un vaivén de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda  y de adentro hacia afuera… vaivén bendito que tiene su precio…  La respiración se hacía más urgente, era más veloz… Mis manos apretaban sus senos con dureza, mientras ella con fuerza  y profesionalismo seguía en su tarea… mi boca buscaba sus pezones firmes… ella enloquecía con mi boca… ambos enloquecíamos… Hasta que sentí que su cabeza se inclinó para atrás y su galopante oficio se detuvo en el mismo instante en que se escucharon dos gritos de pasión: el de ella y el mío. ..

Ya relajados, ella  manifestó que jamás con nadie había  tenido una cópula tan intensa, llena de frenesí  y que una bella noche como esa no debía terminar con dólares en su bolsillo y menos en el mío. Me dijo: ¡no me debes nada!...

No le contesté y me puse a meditar, ella quiso hablar y con dos dedos le impedí hacerlo…

Luego le dije:
Si nos despedimos ahora, mañana seremos sólo un bello recuerdo. Llegará otra vez la noche y nuevamente te buscaré, y sé que los días posteriores se repetirán; me encantas mujer, eres tan hermosa y tan fácil  enamorarse de ti. Te pregunto algo, ¿estarías dispuesta a vivir conmigo y amarme por el resto de tu vida?   

Me replicó:

Si nos despedimos ahora, mañana en la noche mis ojos y mi cuerpo te estarán buscando y también los días posteriores. Me fascinas, es tan fácil  enamorarse de ti;  creo firmemente que ya lo estoy…

Entonces, le dije, entremos a la habitación y empecemos nuestra constante luna de miel: en esta noche de luna azul…

Esta historia cuenta ya con algunos años de vida.

Juntos: la dama rescatada y enamorada, antes serpiente,  y yo hemos concebido no  sólo un fruto sino varios, fuerza,  motivación, amor,  vida, salud, felicidad, entrañable compañía; separados sería morir…  Si Dios lo sigue permitiendo, seguiremos juntos hasta el último aliento…

Franz Merino

Inspirado en la obra: “Infieles Anónimos. Diario de un amante: testimonio de una gran pasión”. ¡Adquiérala, ya!

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